Cuenta la leyenda que en una época remota arribó a las
playas de la actual caleta San José una gran flota de balsas extrañas,
tripuladas por un brillante cortejo de guerreros extranjeros, que tenían por
jefe a un hombre de gran talento y valor llamado Naylamp, quien fundó esta
civilización.
Sus descendientes son los forjadores de la gran cultura
Chimú, anterior al Imperio de los Incas, que se desarrolló hasta lograr un
notable estado paralelo al Incanato, pero, a diferencia de éste, trasladó su
capital a zonas más propicias y estratégicas, estableciendo grandes centros
urbanos.
Fueron grandes agricultores y tejedores, pero sobre todo
maravillosos orfebres, con extraordinarios trabajos en oro.
La conquista del territorio Chimú a manos de los Incas duró
casi cuatro décadas, en las que intervinieron Pachacútec, Inca Yupanqui y
Huayna Cápac sucesivamente.
Cuando Francisco Pizarro pasó por el lugar, rumbo a
Cajamarca a ultimar la conquista del imperio, quedó admirado al contemplar el
oro expuesto en formas de vasijas y utensilios.
Durante la Colonia se despertó la rivalidad entre los
pueblos de Lambayeque y Santiago de Miraflores de Saña, por la opulencia de
este último, despertando inclusive la codicia de los piratas. Un desborde en
1720 inundó Saña y terminó con una floreciente ciudad.
En la Emancipación y la Independencia, el pueblo lambayecano
tuvo como su caudillo al patriota Juan Manuel Iturregui, quien propagó las
ideas libertarias y ayudó a ingresar armas para dicha causa. Dos valerosos
hijos como Elías Aguirre y Diego Ferré ofrendaron su vida a bordo del Monitor
Huáscar en el Combate de Angamos
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